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Psicoanálisis APdeBA - Vol. XXVI - Nº 2 - 2004 393

El análisis del análisis de un
niño transformista

Roberto Oelsner

El material que sigue corresponde al inicio de un trabajo de supervisión
con una joven y talentosa colega de Madrid.1 Comenzó como
una presentación en un seminario clínico que conduje en el Instituto
Europeo de Estudios en Psicoterapia Psicoanalítica en Febrero de
2001 y ha sido el comienzo de una actividad que la terapeuta y yo
continuamos por e-mail mes a mes. Es también la base del trabajo
“La transferencia paso a paso-desarrollos recientes en técnica
analítica”.


El propósito de esta presentación, que no es un trabajo sino sólo
una mostración clínica del análisis del análisis de dos sesiones de un
niño de 7 años, es discutir la doble perspectiva de la analista con su
paciente y de la mía con la analista con su paciente. Quisiera resaltar
cuestiones técnicas de abordaje de un análisis y del abordaje de la
supervisión (análisis del análisis) como un trabajo en equipo que
facilita el progreso en la comprensión y el desarrollo de un proceso.
Transcribo el material tal como lo recibí de la colega y tal como
fueron mis comunicaciones a ella para que todos tengan el mismo
impacto de primera mano.

1 Agradezco a la Lic. Coral López su autorización para publicar el material y la confianza y
esmero en el trabajo que hacemos juntos.
Fue presentado en San Francisco Psychoanalytic Institute and Society, San Francisco,
California, el 25 de octubre de 2003.
Fue presentado en el Ateneo del Departamento de Niñez y Adolescencia de APdeBA el 3 de
octubre de 2001.


MATERIAL CLINICO

[Transcribo en bastardillas todo lo que informa la terapeuta y en
letra normal mis intervenciones]

Jorge es un niño de 7 años al que traen sus padres a terapia
porque nunca juega con chicos, solamente con niñas. Los recreos
los pasa solo en el patio del colegio con algún cuento o muñeco que
se lleva de casa. Tiene además pánico al ruido de los petardos. Es
torpe corporalmente, no corre nunca ni juega al balón. Solo le
gustan los juegos de niña, ver películas de video y leer cuentos.
Tanto él como su hermano de 4 años nacieron por inseminación
artificial. No se pudieron aún indagar los motivos ni las condiciones
de la inseminación. Los padres, ambos de 40 años de edad, son dos
personas muy angustiadas. Yo veo al niño dos veces por semana,
desde hace dos meses, y quincenalmente mantengo una sesión con
los padres. Me llamó mucho la atención cómo el padre no paró de
llorar la primera de estas sesiones familiares. Tengo la impresión de
que la identidad sexual está cambiada en estos padres porque la
madre hizo un dibujo para el hijo pequeño en una de las sesiones de
familia que era un Superman, pintado de frente en una postura
amenazadora, en rojo y negro, de aspecto muy musculoso, que me
chocó como producción gráfica en una mujer, y más en un dibujo
que una madre hace para su hijo. En la sala de espera hay también
una pizarra en la que ella ha dibujado alguna vez, y el dibujo que
quedó pintado era un guerrero, también muy fuerte y musculoso.
Cuando es el padre quien trae a Jorge, los dibujos que han quedado
en la pizarra son flores de aspecto delicado. Además el padre es muy
amanerado, si bien últimamente se ha dejado crecer barba y esto le
da un aire más masculino. Cuenta que de pequeño sufrió los mismos
problemas de rechazo que su hijo, en su caso porque era gordo y
tartamudeaba. Nunca le ha gustado correr ni hacer ninguna actividad
física. La madre expresa abiertamente su preocupación por la
identidad sexual de Jorge, mientras que para el padre el problema
es más que le rechazan los otros niños. En casa se pone una cinta
alrededor de la cabeza y hace movimientos con la mano y la cabeza
como si tuviera el pelo largo, pero cuando la madre le pregunta,
disimula respondiendo que es un guerrero Ninja.
La primera vez que vi a Jorge vi un niño muy feo, sus dientes
separados y hacia fuera así como las cejas negras muy pobladas y
juntas me causaron esta impresión. Ya no lo veo así. Me gusta
trabajar con él. Creo que tenemos una buena relación. Lo que me
resulta más difícil de llevar en las sesiones es cuando repentinamente
se desinteresa y protesta de que se aburre.


UN INTENTO DE UBICACION DE LA PATOLOGIA DEL PACIENTE
El niño parece estar en una situación complicada. Daría la
impresión que quiere confirmar al padre que es un hijo biológico de
él para lo cual debe identificarse con los rasgos femeninos del padre
y ser como el padre era de niño, torpe y aislado (¿Ves padre que soy
como tú? Quédate tranquilo, el semen era tuyo).
Por otro lado debe satisfacer edípicamente a la madre siendo el
hombre que ella le ha dibujado en secreto a espaldas del padre: el
guerrero Ninja. Pero si satisface al padre defrauda a la madre y
viceversa. Eso es complicado para él y no encuentra bien la salida.
Debe enfrentar un problema de doble fidelidad derivado de la doble
conflictiva edípica tanto directa como invertida. Y esto parece
llevarle camino a la bisexualidad expresa.
Si procuramos poner nuestra imaginación a tono con la de un niño
así, podemos hacer una hipótesis para ir testeándola en el material de
las sesiones:
Que la cinta en la cabeza representa a su prepucio sobre el glande
(es posible que tenga algún grado de fimosis, frecuente en los niños
de esa edad, y que eso le dé sensaciones intensas en su genital) y ahí
está el elemento femenino en su genital masculino. Claro que entonces
él puede jugar con la bisexualidad y acomodarla rápidamente
tomando partido por la cinta, el anillo prepucial sobre la cabeza del
pene y mostrarse como una niña que contiene el pene. O tomar
partido por la cabeza, el glande, y ostentar el anillo prepucial como
un genital femenino que él, el Guerrero Ninja ha penetrado. El
movimiento con la mano sugiere el juego masturbatorio y la mágica
adquisición de la bisexualidad.
Se ve que el padre se identifica a su vez de tal modo con el niño
que llora como si él fuese el niño. Y creo que en cierto modo lo es.
Tal vez debiera analizarse para resolver sus propios conflictos con
su bisexualidad. Pero ese es un tema que está fuera del propósito de
este trabajo, de modo que no lo vamos a discutir ahora.
Más interesante y al caso viene la impresión que nos transmite la
analista que, además de recoger el material del niño, presta atención
a su contratransferencia.

Ella le ha visto feo. Y hay algo feo en él. Esque es un poco un embaucador
cuando quiere trasvestirse y pasar por niña.
Sabemos que lo feo de los travestis es que uno se siente
engañado y burlado. Quien ha visto la maravillosa película “El
Juego de las Lágrimas” puede dar testimonio de ello. Posiblemente
el rechazo de sus compañeros se deba a que ellos odian sentir que
Jorge los engaña con su apariencia femenina que acá parece más un
rasgo trasvestista que femenino. Trasvestista y por lo tanto perverso,
porque el fin es implicar a otro, al padre sobre todo, engañándolo. Y
a la madre apropiándose y envolviéndose en su femineidad. Esta es
una de las formas que toma la identificación proyectiva. El sujeto
entra en el objeto, se apropia de sus cualidades y las adopta como
propias. Resultado: un cambio drástico en la identidad del sujeto.
Del niño, en este caso.
Enfocado el material así, nos orientaría hacia un Yo escindido.
Por un lado un Yo infantil neurótico atascado en el conflicto edípico
clásico en sus dos vertientes tal como lo describiera Freud. La
primacía de los deseos eróticos hacia ambos padres y el deseo
también de satisfacerlos a ambos parece conducir a Jorge a querer
ser la niña del padre y el guerrero-Superman de la madre. Acá el odio
no parece tener cabida.
Separadamente está el yo perverso, el niño que se pone la cinta en
la cabeza y hace gestos femeninos pero disimula si la madre lo
descubre. Su mala conciencia parece revelar que sabe que le ha
robado la cinta y con ella el placer femenino en el coito. Seguramente
lo que en la vertiente neurótica es un deseo amoroso de tranquilizar
al padre fortificándolo en su dudosa paternidad, en la vertiente
perversa va a significar que puede también engañar al padre,
haciéndose pasar por niña sólo para que éste se encuentre con un
varón guerrero y lo enfrente con su propia homosexualidad. El odio
que no aparece en su Yo neurótico se satisface en el Yo perverso.
En ambas situaciones parece operar la identificación por proyección
en la madre y en el padre tomando el lugar de ambos. Sólo que
en la versión perversa el robo y el engaño y no los deseos sexuales
incestuosos toman la primacía.
Pero lo dicho es sólo una primera orientación. Algo así como
trazar líneas imaginarias para saber donde uno está situado.

EL ANALISIS DEL ANALISIS DE UN NIÑO TRANSFORMISTA
SESION: JUEVES 9 DE MARZO

Salgo a buscarlo a la sala de espera donde está con su padre y se
viene conmigo sin mirarme ni saludarme, como ocurre siempre. Se
sienta y dibuja un hada, que borra inmediatamente. Me pregunta si
yo sé hacer un lazo del pelo y me pide que lo dibuje. Lo hago y él hace
el resto de la figura. Luego me pide que haga un chico con coleta en el
pelo, y me pregunta si es posible “¿con 15 años se puede llevar coleta?”.
Yo dibujo el pelo con coleta y él hace el resto. Cuando lo ha
terminado me pide que lo borre y que lo ponga más cerca de la chica.

Después me pide que dibuje un pajarito. Lo dibujo preguntándole
dónde quiere que lo ponga y mirando hacia dónde. Él lo colorea
de azul. (Yo nunca dibujo en la terapia con niños, pero con este niño
lo estoy haciendo y me pregunto si no estaré actuando mal. Noto que
él se muestra mucho más interesado en las sesiones desde que yo
accedo a dibujar.)


Tenemos ahora la oportunidad de observar en el niño el desplie398
gue de la transferencia al verlo actuar y haciendo actuar a la
terapeuta. La capacidad de observación minuciosa de un terapeuta
así como su introspección para tomar contacto con el efecto que le
producen las acciones del paciente hacen a la operatividad de la
sesión. Y el paso siguiente será retestear la respuesta del paciente
ante la conducta interpretativa o lúdica del terapeuta.
En este comienzo de sesión (y no veo inconvenientes que la
terapeuta dibuje tal como lo hace: respondiendo a lo que él pide y
dibujando sólo lo que él instruye –pero habrá que prestar atención a
lo que el niño le hace actuar acá), el hada que él dibuja y borra parece
ser el elemento mágico que aparece y desaparece pero dejándole el
don de la bisexualidad. Es decir que comienza la sesión en clave de
hada, como diciendo, va a ocurrir algo mágico, un encanto. Recordemos
que tiene una comunicación secreta y silenciosa con la madre
por medio de los dibujos, algo así como un código secreto y
compartido. En este sentido el dibujo del hada es ya una fugaz
comunicación a la terapeuta indicándole qué pide de ella:
“Si tú sabes hacer un lazo, serás el hada que puede darme el
elemento femenino, un anillo vaginal en mi pene y así me proveerás
el don de la femineidad. Pero si además me haces un chico con coleta
de 15 años (¿los chicos de 15 tienen una así?), me darás además el
don de tener un pene adolescente, la coleta. Ahora tú eres el hada que
me otorga los dos sexos, la coleta de 15 años y el lazo: el pene y el
anillo vaginal.”
Podemos ver mejor que en cualquier análisis de adultos, lo que el
paciente le hace actuar a la analista. Recordemos una vez más que
el concepto de “actualisation” o “enactment” (actuación de una
fantasía) descripto por J. Sandler y por B. Joseph respectivamente,
dice que no solamente el paciente actúa sino que se las ingenia por
involucrar al analista haciéndole actuar en favor de su propio
sistema de defensas (organización patológica de Steiner) para evitar
el dolor mental. De ahí que la auto-observación del analista y no sólo
la observación del paciente, sea esencial para testear el significado
de lo que está haciendo en cada momento de la sesión analítica.
Por ejemplo, vemos que después que la pareja queda plasmada en
el papel, Jorge le hace dibujar el pajarito mirando a la pareja y es en
ese momento que la terapeuta se pregunta si está actuando mal al
dibujar. Esto es muy interesante porque parece haberse dado cuenta
cómo el niño la fue llevando a involucrarse en el mantenimiento de
sus defensas.

Le da la bisexualidad dejándose robar los dibujos que
ella le hace y luego le hace no solamente dibujar al pajarito excluido
y que mira a la pareja sino que la pone en ese rol. (Como decía J.
Steiner: el paciente relata un sueño, en este caso se trata de un dibujo,
y enseguida lo actúa con el analista). Veamos cómo sigue.
Pone la caja de juguetes delante de las hojas donde ahora está
dibujando algo más para que yo no lo vea. Me pide que además me
tape los ojos. (Va a dibujar un corazón entre las dos figuras). Me
dice que no me lo va a mostrar hasta la próxima sesión del lunes.
Le señalo que quiere que yo me quede fuera sin ver nada como
le pasa a él cuando papá y mamá le dejan afuera de su habitación
mientras se besan y se tocan.
Es obvio que la analista ha estado en contacto con su contratransferencia
y le interpreta lo que Jorge le hace hacer. Quizás podría
también mostrarle como él se ha apropiado de las personalidades de
mamá y papá y está actuando como si fuera ellos en una relación
erótica. Creo que ella le muestra muy bien cómo Jorge ha introducido
dentro de ella un rol y un sentimiento de exclusión que no le
gusta nada y ella ha podido tomar su propia respuesta a la identificación
proyectiva del paciente. Hubiera también podido en ese
momento mostrarle la alteración en la identidad de él consecuente
con haberse robado la identidad y el rol de los padres identificándose
proyectivamente con ambos.
Me dice que a veces él ve cómo se besan y no le gusta nada. Hace
gesto de rechazo y se ríe nervioso.
Le digo que entonces él debe ser ese pájaro que no soporta
quedarse afuera y se mete a ver todo lo que hacen papá y mamá, yo
y mi marido.
Es de observar que en cuanto la analista recupera su identidad y
le interpreta lo que Jorge le hace actuar, obtiene una sincera respuesta
de Jorge que también deja de actuar el rol de sus padres. Que no
le gusta ver cómo se besan los padres es una respuesta genuina del
self infantil de Jorge. Entonces ella le dice que porque no soporta
quedarse afuera se mete a ver. Esta formulación es correcta pero deja
afuera que el problema es que no puede quedarse mirando sino que
se va atrás de su mirada y se “mete dentro” de las personas que se
besan.

El quiere “ser” los padres y la analista con su marido y quiere
que otros miren y se sientan afuera. Es decir que el voyeurismo es
aquí sólo un vehículo para entrar en los objetos parentales y ser ellos.
El motivo de toda esta mis-en-scène es el que la analista le
interpreta, no tolera que sus papás se junten y él no pueda participar.
En eso él es como el pajarito. Pero cuando él le pide que se tape los
ojos y dice que no le va a mostrar, no sólo quiere que el pajarito sea
ella y que llena de curiosidad y frustración quiera ver, sino que
también trae su cualidad embaucadora a la transferencia. Lo que ella
no debe ver es que él utiliza su bisexualidad para engañar a ambos
padres. Y eso le lleva a sentirse omnipotente y defenderse de su
cualidad de niño pequeño excluido como el pajarito azul (el varoncito
que en realidad él es).
Se pone muy nervioso, ríe, pone cara de travieso. Me pregunta
que cuándo le voy a traer los juguetes del año pasado (el año pasado
no nos conocíamos). Al preguntarle me contesta que “aquellos de
ver qué es lo que falta”. Me doy cuenta que se refiere a las pruebas
manipulativas del test de Wechsler que usamos durante la exploración
hace un par de meses.
Le digo que él quiere cosas no de 7 años sino de atrás, de cuando
tenía 6 o 5 o 4 o menos años.
Se ríe. “Sí, quiero ser un bebé y jugar con juguetes de bebé y tener
muchas películas de video”.
Si consideramos la respuesta de Jorge a la analista que le ha dicho
que él se mete a ver la escena primaria, es claro que la interpretación
quedó corta al decirle que él quería ser pequeño, porque no incluyó
el para qué: es que él quería “ver lo que falta”. Pero Jorge se encarga
de ponerle la interpretación en la boca diciéndole: quiero tener
muchas películas de video. Otra vez el “ver” como un modo de
introducirse en los personajes de la escena primaria.
“Me aburro. ¿Qué puedo hacer? ... ¡Ay!.. Me aburro, ¡Ay!...”
Le digo que yo creo que no es que está aburrido sino que lo que
está es enfadado de que yo no le traiga lo que me pide y entonces se
desinteresa y ya no quiere nada conmigo.
Esta es una muy buena interpretación otra vez nacida de la
contratransferencia.

Ella siente que el niño está enfadado y no
aburrido y le dice que ésta es su reacción porque ella no le ha
fomentado su omnipotencia esta vez, que es en definitiva lo que estuvo
en juego en la primera parte de la sesión: la creencia de poder volverse
los padres en coito ayudado mágicamente por el hada-analista.
“Voy afuera a ver si está papá. ¿Tú que dices que está o que no
está?”.
Todavía quiere creer que la analista es un hada que puede saber
cosas sin verlas y entonces la castiga por haberse ella negado a
“dejarle ver lo que falta” y a poder introducirse así en la escena
primaria por identificación: ahora se va a volver la mujer del papá y
la va a despreciar a ella.
Creo que sólo atendiendo a los cambios minuto a minuto en la
transferencia se pueden hallar los motivos de las ansiedades y
sentimientos del paciente y la forma que toman sus defensas. Jorge
muestra que la decepción con la madre-analista, que ha renunciado
ahora a ser el hada que le provee lo que él quiere para defenderse de
los intolerables dolores que la escena primaria le produce, le lleva a
desinteresarse por la mujer y a buscar al varón.
Le digo que faltan unos minutos para terminar y que a lo mejor
puede esperar.
“Voy a hacer un caracol con plastilina”. Lo intenta pero no le
sale bien. Se enfada y guarda la plastilina.
Le digo que hace como el caracol, cuando se enfada conmigo se
mete hacia dentro y no quiere saber nada.
Se le caen todas las pinturas al suelo. Me pide que las recoja yo.
Le digo que sólo me quiere para que yo haga las cosas por él. Las
recoge y terminamos la sesión.
En resumen: en la sesión él procura seducir a la analista
comportándose bien e invitándola a participar con sus dibujos y
a actuar, pero quiere una recompensa: que le deje ver lo que falta,
lo que le falta y le faltó ver, lo que ella hace con su marido cuando
él no la ve. No creo que realmente quiera ser un bebé. Cuando la
analista le sugiere que quiere ser más pequeño le parece una
buena idea porque cree que, tal vez, así tendrá acceso a los videos.
Supongo que la conexión que él hace entre ser bebé y tener
muchas películas de video es porque cree que los bebés siempre
duermen con los padres y entonces pueden ver todo lo que falta.


El cree que no hay exclusión para los bebés. Quizás hasta quiera algún
día volver a la panza de la mamá para ver y experimentar el coito de
los padres desde adentro, como el Hombre de los Lobos. También
puede, en su defecto, hacerse adicto a las películas porno que lo
muestran todo, no falta nada. He sugerido, observando el material, que
el elemento voyeurista de Jorge es sólo una forma de entrar en la
escena primaria, entrando con la mirada dentro de cada uno de los
padres en coito, la cabeza dentro de la cinta.
Ahora si la analista no le trae el Wechsler (que él parece haber
tomado como si a ella le gustara exhibirse), entonces la chantajeará
con su aburrimiento y se irá con el padre y si no le deja, tirará su
caracol y sus pinturas y ella será su sirvienta. Es el castigo. Y él la
aburrirá el resto de la hora. Ella tendrá entonces un problema
contratransferencial. ¡Y se lo merece!

SESION: LUNES 12-3-2001
Comienza de la misma manera que el jueves anterior, pidiéndome
que le haga un lazo para el pelo y dibujando una chica y un chico
con coleta.

Le digo que son papá y mamá cuando se tocan y él querría hacer
conmigo eso que hacen papá y mamá para saber si él es un niño o
es una niña.
Me pide que borre al chico y que haga un ciervo. Lo hago.
(Preguntándome si me estará hablando de cuernos, poner los
cuernos... pero pareciéndome una idea disparatada mía no digo
nada).
Vemos que ha pasado el fin de semana y Jorge vuelve sobre el
tema de la pareja y de la masturbación. La analista le debe dibujar el
lazo para el pelo, el anillo vaginal y ayudarle a sentir que la pareja
es él y no los papás ni ella con su marido. Ella le habla de lo que él
quiere evitar, del papá y la mamá, que él querría hacer con ella lo que
hacen los papás y que quiere saber si es niño o niña.
Otra vez el escuchar atentamente su respuesta nos pondrá en la
pista correcta. No parece confirmar la interpretación. Parece decir:
“no, no quiero saber si soy ‘una cosa o la otra’. Más bien quiero tener
el poder de ser todo: niño, ciervo, hada, mujer... quiero ser no sólo
trasvestista sino transformista... me quiero poder transformar de una
figura en otra y para eso necesito que un hada me dé ese don. Pero
tú me has hecho los cuernos en el fin de semana y la única forma de
calmarme es volviéndome poderoso.”
Es de observar que Jorge hizo sentir culpa a su analista cuando
dibujó los cuernos del ciervo, culpa por haberlo dejado y posiblemente
de ahí su interpretación diciéndole que ahora él quería hacer
con ella lo que mamá y papá hacían juntos. Una forma de indemnizarlo.
Luego me pide que borre al ciervo y que dibuje un hada –que no
llego a hacer. Le digo que esto me recuerda que el jueves pasado
dejó algo escondido que me dijo que hoy me lo enseñaría.
No es claro qué cosa le hizo recordar a la analista que Jorge había
escondido algo el jueves. Pero debe haber percibido que Jorge estaba
utilizando la culpa de ella para tenerla de sirvienta y que así la estaba
sometiendo a una nueva exclusión.
Ríe nervioso. Manifiesta gestos de vergüenza. Me pide que me
tape los ojos. Pone la caja de juguetes delante para que yo no pueda
ver.

Saca de su carpeta el dibujo del día anterior y veo que tacha el
corazón y hace un borrón negro. Me lo enseña. “¿No crees que este
pájaro tiene forma de siniestro? (Me quedo perpleja de que utilice
esta expresión. Me pregunto si me estará hablando de aspectos
perversos.) Le pregunto a qué se refiere con siniestro y me responde
“que hace cosas malas”.
Le digo que cuando sus papás están juntos en su habitación
tocándose y a él lo dejan fuera siente que se llena por dentro de cosas
siniestras y comienza a hacer cosas malas.
Enseguida tacha el corazón de la pareja y lo llena de negro (ver
Dib.1) y sí, eso le lleva a sentirse el pájaro siniestro. Este es el aspecto
feo de Jorge. Y ahí viene la precisa interpretación sobre las cosas
malas que hace cuando imagina a sus padres juntos en la habitación.
Las cosas malas que hace son masturbarse imaginando que es la
pareja y que la madre terapeuta se frustra porque la deja afuera
transformada en sirvienta, como ocurrió cerca del final de la sesión
del jueves. Es de notar que la fantasía que el jueves actuó con la
analista, ahora está siendo representado en el papel. Si prestamos
atención en las sesiones con pacientes adultos, es frecuente observar
cuando la actuación de una fantasía con el analista puede aparecer
soñada. Ambas transformaciones tienen a mi modo de ver igual
valor y marcan un progreso en dirección a la capacidad de pensar con
símbolos.
Hace tachones con mucha descarga. Puntea con fuerza sobre la
chica dibujada (Dib. 2).
Le pregunto qué es eso que está haciendo.
Responde que “eso que da vueltas y se lleva todas las cosas... y
es un triángulo pero al revés... ¿pero adónde se lo lleva?....¿a qué
cuarto se lo lleva?...”
Acá parece actuar un rol de alguien poderoso que puede dar
vuelta las cosas, el triángulo al revés. Él es una pareja y la mamá
y la terapeuta están solas haciendo de sirvientas de él. Para eso ha
hecho desaparecer al padre, el hombre con coleta que borró y así
logró dar vuelta el triángulo. El padre desapareció, la madre o la
analista se han quedado solas y él se masturba en su cuarto tomando
el lugar del varón y de la mujer. La cabeza de su pene y su prepucio
o su mano hacen el resto. Y cuando anteriormente la terapeuta le
recordó que había dejado algo oculto el jueves, él actúa como si
tuviera vergüenza, como si ella le habría espiado haciendo el
amor.

Le digo que parece que se refiere a un tornado. Y que quizá
cuando se vuelve siniestro tiene mucho miedo a desaparecer y
quiere que yo le agarre muy fuerte.
El resto de la sesión se dedica a arrancar trocitos de plastilina y
con un trozo grande irlos recuperando al quedar pegados. Al final
queda una amalgama de colores todos mezclados.
Acá muestra cómo siente que ataca a sus objetos parentales y los
destroza, como a la plastilina. La reparación se vuelve imposible
porque le pondría otra vez frente al triángulo al derecho. De modo
que junta los pedazos de sus padres y de la analista y su marido de
cualquier modo y configura algo parecido a un objeto bizarro, la
amalgama de colores.

 

 
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