El autor se propone, a partir de una serie
de preguntas
relacionadas a cómo historiar el psicoanálisis, desde
un país periférico
como Argentina. Responde sus interrogantes
desde pensar el origen del
psicoanálisis ligado a Freud, un segundo momento de secularización,
un
tercer momento donde se plantea
que el psicoanálisis no es Viena, y
termina diciendo que este fenómeno puede ser pensado en nuestra
Argentina si “se lo examina en los puntos de encrucijada”,
desde diversas
líneas y no como un desarrollo autónomo en un lugar
geográfico específico.
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