El comentarista propone una visión
desde ideas de Racker,
Bion y Bleger y señala una serie de interrogantes que le
surgen de la lectura
del trabajo.
Señala la falta de explicitación del marco referencial
de la autora, que
no discute si considera a la transexualidad
como una patología o como una
estructuración de la identidad y un tipo de elección
de objeto, que según los
casos puedan o no ser patológicos.
También se pregunta sobre la atribución de castración-automutilación
a toda operación estética, sin explorar la posibilidad
de aspectos reparatorios,
así como la atribución de ambigüedad a la estructuración
de la
identidad sin considerar que podría tratarse de complejidad-polifacetismo.
La caracterización de lo masculino y lo
femenino como detectables teniendo
en cuenta la actitud ante pensar, sentir y percibir
el tiempo, es
dada por la autora como categorías indiscutibles. Puede suponerse que en algunas situaciones la analista actuó “con
deseo” y funcionó entonces como guía-inductora.
Es de rescatar que la paciente
pudo adquirir una identidad,
dentro de la transexualidad,
en la que no rechaza lo masculino y puede
diferenciar los
dos sexos basándose en la prevalencia del amor sobre el
odio. Esta
elaboración pudo incluir las fantasías de Simona
de volver loca a su madre
e impotente a su padre. También elabora una relación
con una mujer, con
las fantasías de homosexualidad; posteriormente, se enamoró de
un
hombre, al que pudo informar
de su transexualidad y que la
aceptó.
También pudo analizar la angustia de volverse loca, que
la inscribe en la
categor ía de pacientes heterogéneos. |