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Revista Psicoanálisis |
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| Año 2002-
Volumen XXIV |
N°
1-2: Dolor Social
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Editorial |
| Deseamos
sumarnos, desde el espacio
de nuestra Revista , a
la necesaria reflexión
sobre las críticas situaciones
que atravesamos . La violencia
y el dolor social nos
invaden y comprometen
a todos. Como psicoanalistas
queremos estar presentes
en los debates abiertos
en nuestra sociedad, contribuyendo
a vislumbrar la naturaleza
de fenómenos de nuestra
cultura signados por la
destrucción. Intentar
una vez más la tarea "imposible"
de cercar la ininteligibilidad
del Mal para, desde allí
, construir juntos alternativas
sostenidas en la solidaridad.
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| Abordamos
en estas páginas la compleja
dimensión social del ser
humano y el impacto en
nuestra clínica de fenómenos
culturales tan diversos
como la explosión demográfica,
las migraciones, la marginación,
las guerras, los genocidios
o la posibilidad de supervivencia
de la mente bajo condiciones
extremas. |
| El
siglo XX ha sido, tal
vez, uno de los períodos
más violentos en la historia
de la humanidad , entre
otras causas por el incremento
de la capacidad de destrucción
por los avances científicos
y tecnológicos. |
| Ya
en 1929 S. Freud escribía
, en su artículo El malestar
en la cultura : "Hoy los
seres humanos han llevado
tan adelante su dominio
sobre las fuerzas de la
naturaleza que con su
auxilio les resultaría
fácil exterminarse unos
a otros, hasta el último
hombre. Ellos lo saben;
de ahí buena parte de
la inquietud contemporánea,
de su infelicidad, de
su talante angustiado."
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| El
análisis de la violencia
social no puede ser abordado
sólo como manifestación
de conflictos intrapsíquicos
; requiere de una visión
antropológica compleja
que articule, junto a
las dimensiones psíquicas,
los puntos de vista económico,
político y social. Probablemente,
en investigaciones futuras,
los estudios interdisciplinarios
alcancen gran relevancia.
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| Toda
organización social conlleva
en su propia estructura,
y a través de las normas
que la constituyen como
tal, el gérmen de la violencia
, a la vez que contiene
los aspectos más regresivos
de los miembros que la
componen. |
| Cuando
esta estructura no cumple
con su función, los aspectos
depositados en ella se
trasladan a los vínculos
interpersonales, y el
"Mal" , intrínseco a todo
sistema social, llega
a encarnarse en formas
límites de deshumanización. |
| La
teoría y la técnica psicoanalítica
se han complejizado al
incorporar nuevos modelos
que enriquecen el abordaje
de los fenómenos inter
y trans- subjetivos..
A la inclusión de las
funciones identificatorias
y de contención, se le
suma la investigación
de los vínculos familiares,
sociales y transgeneracionales. |
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La clínica de las situaciones
traumáticas masivas reabre
el interrogante de la
posibilidad de recuperación
de la vida mental bajo
estas situaciones extremas.
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| Algunos
de los artículos aquí
presentados estudian los
diferentes caminos en
la constitución de la
subjetividad, complementarios
y articulados entre sí.
Señalan la impronta de
lo nuevo, del encuentro,
en una conceptualización
en la que el sujeto no
aparece sólo como producto
de un pasado. Ahondan
en la dimensión social
de la subjetividad. |
| Otros
trabajos giran alrededor
de la intolerancia a las
diferencias y el ejercicio
del poder sobre el otro,
desde la transformación
deshumanizadora hasta
la aniquilación física. |
| Carecemos
de explicaciones para
muchos de estos fenómenos |
| Espacios
hasta ahora ajenos a nuestra
esfera de reflexión, deberán
ser repensados y categorizados.
Contamos con lúcidas descripciones
pero quedan abiertos grandes
interrogantes clínicos.
¿Cuál es la tolerancia
individual al registro
directo y brutal del horror
?¿Se puede disolver este
"vacío" intentando pensarlo?
¿Cuáles son las condiciones
de un decir que pueda
ser verdadero? ¿Qué pasa
en la mente del analista,
en su vocación y en su
capacidad reparatoria,
cuando ve en riesgo su
trabajo o necesita emigrar
por razones socio-económicas?
¿Qué defensas se activan
cuando las estructuras
socio-culturales no pueden
cumplir su función? ¿Qué
clase de fenómenos clínicos
emergen a partir de situaciones
cotidianas de violencia?
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| Si
el dolor, en su sus formas
puras , remite a padecimientos
no simbolizables que paralizan
y destituyen al sujeto,
el acceso al sufrimiento,
como dimensión abierta
a la simbolización , señalaría
en cambio vías posibles
de reconexión con la vida.
Nuestro desafío como psicoanalistas
es esta lucha en pos de
Eros . |
| Comité
Editor |
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Índice Acumulativo |
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