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| Revista Psicoanálisis |
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| Año 1998 - Volumen XX |
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| N° 1: Psicoterapia Psicoanálisis |
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Editorial |
| “Ustedes saben que el psicoanálisis
nació como terapia; ha llegado a ser mucho más que eso, pero nunca
abandonó su patria de origen, y en cuanto a su profundización y ulterior
desarrollo sigue dependiendo del trato con enfermos. No pueden obtenerse
de otro modo las impresiones a partir de las cuales desarrollamos
nuestras teorías. Los fracasos que experimentamos como terapeutas
nos ponen una y otra vez delante de tareas nuevas, y los reclamos
de la vida real constituyen una eficaz defensa contra la hipertrofia
de la especulación que, sin embargo, nos resulta imprescindible en
nuestro trabajo. El psicoanálisis es realmente una terapia como las
demás. Tiene sus triunfos y sus derrotas, sus dificultades, limitaciones,
indicaciones. .... me inclinaría a decir que no creo que nuestros
éxitos terapéuticos puedan competir con los de Lourdes. Son muchos
más los seres humanos que creen en los milagros de la Virgen que en
la existencia de lo inconciente. Pero atendiendo a la competencia
terrenal, tenemos que cotejar la terapia psicoanalítica con los otros
métodos de psicoterapia”. |
| Sigmund Freud, 1933 |
| Desde hace décadas los psicoanalistas
debaten cuáles son los requisitos que deben cumplir los tratamientos
para ser considerados psicoanalíticos y cuáles para ser considerados
psicoterapéuticos. Las definiciones sobre estos temas se dan en un
amplio abanico, y abarcan desde las que toman en cuenta la práctica
actual y señalan que psicoanálisis es aquello practicado por los analistas
(Sandler J., 1984), a otras que jerarquizan el cumplimiento de todas
la reglas de la técnica, incluida el número de sesiones, para considerar
que un tratamiento psicoterapéutico es psicoanálisis. Indudablemente
esta problemática es de los psicoanalistas y no de quienes buscan
algún auxilio para la solución de su sufrimiento. |
| La práctica en los albores del siglo
XXI plantea múltiples desafíos, uno de ellos es conservar el rol psicoterapéutico
del que nació el psicoanálisis. Estamos lejos, en esta época, de poder
mantener el ideal técnico que plantean los standards. Por ello, teniendo
en cuenta los reclamos de la vida real, urge la tarea de remarcar
aquello que es sustancial para el psicoanálisis, de lo que no lo es. |
| Hacer psicoanálisis en los albores
del Siglo XXI plantea desafíos. En nuestro país estamos lejos de poder
mantener el ideal técnico que plantean los estándares. Los analistas
recurren entonces al rescate de aquellos conceptos teóricos y técnicos
que dan el sustento al psicoanálisis. Para intercambiar puntos de
vista sobre estos temas se organizó una Mesa Redonda donde participaron
los Dres. V. Galli, G. Lancelle, R. Nepomiachi e I. Vidal. En ella
los lectores encontrarán planteos, coincidencias e interrogantes en
un intento comprometido de conceptualizar las similitudes y diferencias
entre psicoterapia y psicoanálisis. |
| Thomas Ogden jerarquiza en su trabajo
“Reconsiderando tres aspectos de la técnica psicoanalítica” la constitución
del “tercero analítico” logrado por el clima de privacidad que reina
en el análisis. Es así como el uso del diván, la regla fundamental
y el análisis de los sueños son tres elementos del dispositivo analítico
que posibilitarán los estados de reverie de ambos participantes. Este
autor remarca la utilidad del uso del diván aun cuando los tratamientos
sean de dos sesiones semanales. |
| La consideración de las defensas como
protectoras del self, el valor de la empatía y las transferencias
de objetos del self son considerados por Anna y Paul Ornstein como
los aportes realizados por la psicología del self al psicoanálisis
y la psicoterapia psicoanalítica. En su trabajo “El proceso de la
psicoterapia psicoanalítica: una perspectiva desde la psicología del
self”, unen las viñetas clínicas con la exposición teórica en forma
clara, mostrando su idea del continuum que existe entre psicoterapia
psicoanalítica y psicoanálisis. |
| También Paul Ornstein, en la entrevista
que se le realizara en octubre del 97, además de lo inefable del contacto
personal, ofreció la misma claridad y sinceridad. Respondió a las
preguntas que se le formularon mostrando la articulación teórico clínica
que se puede lograr desde la perspectiva de la psicología del self.
El relato de su propio desarrollo teórico, primero como discípulo
de H. Kohut y luego como difusor de su pensamiento nos brinda un panorama
mundial donde estas ideas han germinado. |
| Harold Searles en su trabajo “El papel
de las expresiones faciales del analista en psicoanálisis y terapia
psicoanalítica”, presenta un tema importante pero escasamente tratado
en la literatura. Además de señalar la relevancia que tienen en el
tratamiento de pacientes borderlines, donde las expresiones del rostro
del analista pueden ser usadas como un puente para salir del autismo
y establecer una relación simbiótica, son consideradas también de
gran valor en el tratamiento de todo paciente, use o no el diván.
La exposición de varios casos clínicos –mostrados con gran franqueza–
y la experiencia y teorización original de su autor, enriquecerá al
lector en la capacidad de observación de estos fenómenos. |
| Bryce Boyer en su contribución “Considerando
la sesión como si fuera un sueño” traslada las concepciones sobre
el análisis de los sueños –expresión inconciente de un deseo infantil
reprimido que lleva a las nociones de inconciente y proceso primario–
a la actividad del consultorio. Su articulación con el dispositivo
analítico favorece la comprensión de los pacientes regresivos. |
| Hanna Segal en “Sudando por todos los
poros” expone el final de análisis de un paciente que había tenido
en los inicios del mismo una profusa y desagradable transpiración.
Valiéndose de las teorizaciones kleinianas le encuentra a la reactualización
del síntoma nuevos significados. Tenemos aquí una muestra del trabajo
analítico clásico realizado con un paciente por varios años, con cinco
sesiones semanales. |
| Yolanda Gampel, psicoanalista argentina
radicada en Israel, en “La metamorfosis del cambio” aporta su elaboración
personal del proceso analítico, su naturaleza y objetivos. Ubica el
lugar del analista como el de un mediador intuitivo entre el sufrimiento
psíquico del ser humano y una cultura que provee menos certidumbres
que antaño. Aporta una visión humanística del proceder analítico,
influida por los textos bíblicos. |
| Julia Kristeva profundiza en “Sobre
la extrañeza del falo o lo femenino entre ilusión y desilusión” la
relación de la mujer con el falo, en la que se afirma su dimensión
bisexual. Bajo la doble perspectiva de éste como ilusorio y en su
presencia real, se sella el destino de la femineidad. Traza un camino
que va desde la identificación andrógina al mismo a la maternidad
para llegar a hacer de esa relación el resorte del ateísmo y la creatividad. |
| Como un aporte especialmente escrito
para Psicoanálisis, Antonio Imbasciati nos hizo llegar su trabajo
“Una teoría psicoanalítica explicativa: la teoría del protomental”.
Este autor italiano, tomando en cuenta las relaciones objetales y
los desarrollos de Bion, considera que el psicoanálisis debe explicar
el funcionamiento mental utilizando los modelos que actualmente proveen
la cibernética y las neurociencias, así como Freud en su comienzos
utilizó los de la física. |
| Esperamos que este número responda
algunos interrogantes que la práctica actual nos plantea, dejando
abierto el camino a nuevas respuestas personales e institucionales. |
| Comisión de Publicaciones |
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Índice Acumulativo |
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