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| Revista Psicoanálisis |
| Año 1994 - Volumen XVI |
| N°3 : Psicoanálisis contemporaneo |
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Editorial |
| El psicoanálisis guarda una particular relación
con la temporalidad: la atemporalidad del inconciente se entrecruza
con las peculiaridades del tiempo de la conciencia. Y justamente el
psicoanálisis, que ha dado testimonio de la permanencia de las huellas
de otros tiempos, hoy se encuentra él mismo interrogado acerca de
la vigencia de sus postulados. La contemporaneidad lo encuentra acompañado
por las modificaciones suscitadas en otras disciplinas, por la diversidad
de teorías que lo constituyen, y por las transformaciones sociales
y culturales. |
| Distintas actitudes han adoptado los psicoanalistas:
desde los que parecen pensar que el psicoanálisis debe transformarse
isomórficamente con los cambios operados en otros ámbitos, hasta quienes
no ven motivos para innovaciones radicales. |
| Ahora bien: existe una interrelación dialéctica
entre el momento histórico y el psicoanálisis. Así como podemos enfocar
el tema desde el punto de vista de los efectos de la contemporaneidad
sobre nuestra ciencia, tampoco debemos perder de vista los efectos
de la misma sobre la contemporaneidad. Es innegable que nuestra ciencia
contribuyó a los cambios socio-culturales. Algunos analistas consideran
imprescindible que el psicoanálisis haga oír su voz y cuestione cuál
es su función dentro de nuestra sociedad, jaqueada por la violencia,
el sufrimiento y las injusticias cada vez más acuciantes. |
| Sin pretender abarcarla en su totalidad, hemos
querido reflejar esta diversidad en los escritos que presentamos a
continuación. |
| En primer lugar, agradecemos a Diana Liberman de
Vannelli el habernos concedido un aporte inédito de David Liberman,
que nos permite reencontrarnos con su pensamiento creativo. La introducción
de Samuel Arbiser nos ayuda a contextuar este escrito, presentado
en el Congreso Internacional de Helsinki, con la finalidad de ser
abordado en un grupo de discusión. Reconocido innovador del psicoanálisis
e introductor en el mismo de disciplinas afines, aborda explícitamente
la importancia de la verbalización en la sesión psicoanalítica, al
tiempo que roza prácticamente todas sus novedosas concepciones. |
| En relación a las transformaciones culturales,
Pablo Grinfeld señala la influencia de las actuales corrientes ideológicas
sobre las teorías y la praxis psicoanalíticas. Dado que éstas fueron
forjadas en las concepciones científicas, filosóficas y éticas de
la modernidad, el llamado postmodernismo, con sus críticas, parece
exigir la reconsideración de algunos de nuestros valores. |
| Sus reflexiones se dirigen esencialmente al carácter
de la producción científica psicoanalítica en la actualidad. |
| La pluralidad de teorías psicoanalíticas es abordada
por Ricardo Bernardi, quien cuestiona la idea de R. Wallerstein sobre
una teoría clínica unitaria, argumentando que la conceptualización
del material clínico depende del paradigma de cada teoría. Considera
que la “traducción” de un paradigma a otro –tomándolos como distintos
lenguajes– sólo es posible en forma parcial. Basándose en un material
clínico que fue reinterpretado por tres analistas de San Pablo según
la óptica de la orientación teórica de cada uno de ellos, plantea
relaciones de coincidencia, contradicción, complementariedad e inconmensurabilidad
entre las diferentes teorías. Enfoca el tema desde el punto de vista
institucional, epistemológico e intrapsíquico, y postula que el principal
desafío que nos propone el pluralismo no es el de reducir las diferencias,
sino el de poder convertirlas en objeto de estudio e instrumento de
avance. |
| El mismo tema preocupa a Mario Waserman cuando
se refiere al estado actual del psicoanálisis de niños y adolescentes
como una “torre de Babel”, caracterizada por la falta de un lenguaje
psicoanalítico común para la construcción de una teoría unitaria de
la problemática clínica. Describe básicamente dos “generaciones” de
analistas con diferente formación, entre las cuales hay una brecha
que parece insalvable. El autor se declara partidario de la inclusión
de los diferentes aportes en un E.C.R.O., término acuñado y conceptualizado
por Enrique Pichón Rivière. Rescata de la contemporaneidad lo que
él llama la aceptación de la castración simbólica, que llevaría a
reconocer los límites de nuestro trabajo terapéutico –sobre los cuales
se explaya– y que se evidencia en el cambio de denominación: de psicoanálisis
de niños a psicoanálisis con niños, que da al paciente una ubicación
más protagónica en su tratamiento. Finaliza planteando su propio E.C.R.O. |
| Peter Hildebrand aborda también el tema de las
limitaciones y avatares de nuestro trabajo al transmitirnos su experiencia
en el tratamiento de un paciente homosexual, enfermo de SIDA, que
duró dos años, hasta su muerte. Enfermedad de nuestro tiempo, el SIDA
comienza a constituirse en una de las problemáticas que los analistas
no podemos desconocer. El autor considera que el HIV representa en
nuestro medio socio-cultural un “cambio catastrófico”, ya que involucra
cuestiones críticas y controvertidas, fundamentalmente el comportamiento
sexual y la muerte a edades tempranas de la vida. En el relato del
tratamiento, describe problemas transferenciales y contratransferenciales
en relación al objetivo básico: organizar una muerte que fuera, según
palabras del autor, “lo más suave posible”. En ese contexto, se interroga
sobre la incidencia del mundo interno en la contracción y agravamiento
de la enfermedad. |
| Incursionando ya en algunas teorías específicas,
Juan Miguel Hoffman nos habla de un cambio metodológico operado en
el psicoanálisis en los últimos 30 años: la inclusión de la observación
directa de etapas tempranas del desarrollo. Esto lleva, según el autor,
a un cambio en la comprensión del bebé, que debería integrarse con
la obtenida por reconstrucción en el tratamiento analítico. Sobre
la base de un material de observación, esboza una hipótesis del desarrollo
del psiquismo y del aparato mental. Describe la relación del individuo
en desarrollo con su medio como una “negociación” entre ambas partes,
favorecida, por un lado, por el respeto del medio ambiente, y por
otro, por la capacidad del ser humano de recobrar su forma natural
después de las deformaciones, si las circunstancias lo permiten. En
base a esta concepción propone cuatro formas de configuración de la
patología, basadas en los trastornos en la constitución del ser uno
mismo. |
| Daniel Rodríguez nos aporta y nos genera reflexiones
acerca de la feminidad y su territorio específico. Toma al Grenouille
de “El perfume”, la novela de P. Suskin, como un caso clínico, y considera
los avatares de su ingreso al orden simbólico. Reelabora textos básicos
de Freud acerca de la sexualidad femenina para preguntarse por su
lugar en la constitución de la subjetividad. La clínica psicoanalítica
se nutrió originariamente de las histéricas; la teoría tiene hoy dificultades
aún mayores en relación a lo masculino para ubicar el territorio de
la feminidad. |
| R. Horacio Etchegoyen, en una ampliación de un
breve comentario formulado en la mesa de apertura de nuestro XVI Simposio,
nos habla de la sexualidad en la actualidad y la dificultad de los
analistas de visualizarla e interpretarla en la transferencia. Con
un estilo claro y preciso, nos previene sobre el riesgo de abusar
de interpretaciones funcionales sin que, gracias a éstas, lleguemos
a interpretar el conflicto sexual que se da en la transferencia; así
como tender a interpretar las angustias de separación en función del
holding y/o de la relación continente-contenido sin buscar las raíces
eróticas que las alimentan. En síntesis: nos alerta, en el contexto
del psicoanálisis contemporáneo, sobre la “vigencia y actualidad del
paradigma freudiano de la sexualidad”. |
| Antiguas como la historia de la humanidad, pero
con siniestra actualidad y refinada “actualización” son las guerras
y los estallidos de violencia de los cuales la niñez es una de las
víctimas. En ese contexto se inserta una disertación pronunciada por
Maud Mannoni, en ocasión de la presentación de una exposición de dibujos
de niños de Rusia sobrevivientes de los campos, escrito que la autora
nos hizo llegar a nuestro pedido. Enrique Alba se encargó de articular
sus dichos con el rico trasfondo teórico que los fundamenta. |
| Las entrevistas concedidas a nuestra revista por
André Green y Donald Meltzer en sus últimas visitas a nuestro país
nos permiten participar en un diálogo vivo con las ideas actuales
de estos pensadores del psicoanálisis. |
| La Sección de Supervisiones nos reúne en esta oportunidad
con la supervisión que Joyce McDougall realizó en ocasión de su último
encuentro con nosotros. En breve tendremos oportunidad de cotejarla
con la realizada por André Green sobre el mismo caso clínico, cuando
se publique en un próximo número. |
| En su carta a Fliess del 12 de junio de 1900, Freud
le pregunta, refiriéndose a la casa de Bellevue donde tuvo el “sueño
de la inyección de Irma”: “¿Crees que algún día se colocará, en esta
casa, una placa de mármol con la siguiente inscripción: En esta casa,
el 24 de julio de 1895, le fue revelado al Dr. Sigmund Freud el secreto
de los sueños?”. Cuando esta revista esté en manos de los lectores,
se habrán cumplido cien años desde aquel tiempo, en que Freud soñaba
también con instaurar una nueva ciencia. Desde el psicoanálisis contemporáneo,
a través de estas páginas, le rendimos nuestro homenaje. |
| Claudia Bregazzi |
| Norma Slepoy |
| Eliseo Storani |
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Índice Acumulativo |
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